El otro lado de las vacaciones.

Hola,

En el último post, les compartí algunos consejos para preparar el equipaje de viaje del bebé pero esta vez quiero platicarles el otro lado de las vacaciones. Sí, la parte complicada, diferente y abrumadora:

A mi esposo y a mí nos fascina salir de viaje, conocer nuevos lugares y regresar a los que nos encantan, sin embargo, esta vez los planes cambiaron…

Nos urgía llevar a Pía otra vez a la playa pero -de nueva cuenta- no nos detuvimos a pensar, por ejemplo, que a los bebés el sol les puede afectar, que los intentos de nado los agotan, que la arena irrita la piel, que pañal + calor puede llegar a ser la combinación más agobiante para un crío y, sin embargo, allá íbamos: con la ilusión de verla feliz disfrutando de unas merecidas y necesarias vacaciones (claro, porque ser bebé no es fácil).

Con casi nueve meses, Pía se ha adaptado a una rutina diaria: dos siestas en el transcurso del día, juegos seguidos del baño, leerle un cuentito y dormir pero en las vacaciones difícilmente damos continuidad a los hábitos generados pues, entre otros factores, el clima, el cambio de actividades y la convivencia en familia hacen (casi) imposible continuar con una secuencia invariable y lo único seguro es que al regreso, las cosas cambien.

Las previsibilidad de las rutinas les da seguridad y tranquilidad a los niños pero al visitar un lugar desconocido y sin comprender en su totalidad el concepto de viajar, esa confianza puede desaparecer e incluso irritarlos. Algo que, como papás primerizos, también obviamos.

Sin importar que regresamos más agotados (y pálidos) que de costumbre, que dificilmente llegábamos a tiempo una reservación para cenar (a veces hasta perdíamos la reserva), que Pía comía a deshoras y dormía a ratitos luego de un llanto agotador seguramente ocasionado por el calor o el ruido y euforia excesiva de la familia (incluyéndome, por supuesto), que en el vuelo de regreso estaba más inquieta y cansada que nunca y que ni siquiera mis besos y abrazos con “súper poderes especiales” podían consolarla, la realidad es que haber compartido con nuestra bebé la experiencia de viajar y presentarle nuevos lugares, generar vivencias y acumular recuerdos, me llevan a planear nuestras siguientes vacaciones.

Cada viaje es diferente y cada momento con nuestros bebés, también. No sé cuándo regresemos a la playa pero sé que Pía no volverá a tener 8 meses ni yo la misma inexperiencia y, aunque me llena de emoción pensar que viviremos nuevas experiencias,  también me da nostalgia saber que pronto acabó ese viajecito relámpago que, a pesar de todo, disfrutamos tanto…

Hoy puedo decir que más que la playa, el mar o el sol, disfruté como nunca estas vacaciones en familia.

Mamás, no perdamos la oportunidad de viajar con nuestros bebés. Les aseguro que lo vale.

Cariños,

Mamá Mel.

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